Focus on: ¿Es un país que gana talento la causa de la fuga de cerebros de otro?

Os ofrecemos el último artículo de Eurydice perteneciente a la serie conocida como Focus on, donde dos de sus analistas reflexionan sobre las consecuencias de la movilidad educativa y la fuga de cerebros.

“En lo que a mí respecta, no solo utilizo todos los cerebros que tengo, sino todos los que puedo pedir prestados”.- Woodrow Wilson

La libertad de movimiento de los trabajadores, una de las cuatro libertades fundamentales de la UE, garantiza en el artículo 45 que todos los ciudadanos de la Unión tienen derecho a moverse libremente, a estudiar y trabajar en otro Estado miembro. Desde una perspectiva europea, el hecho de que la gente pueda perseguir las oportunidades educativas y de empleo que desee sin trabas fronterizas se suele considerar beneficioso y además genera una gran riqueza individual y colectiva. Pero ¿son los resultados de esta libertad fundamental igualmente beneficiosos para todos, o hay alguien que paga más caro el precio de esta libertad?

Muchos ciudadanos de la Unión ejercen su derecho a la movilidad. Según EUROSTAT, el 1 de enero de 2015,  18,5 millones de personas habían nacido en un Estado diferente a aquel en que residían. Alemania (4 millones), Reino Unido (3,1 millones) y Francia (2,2 millones) recibieron la mayoría de migrantes de la Unión, mientras que Polonia (0,2 millones), Rumanía (0,1 millones) y Bulgaria (0,04 millones) fueron los que menos.

Estas estadísticas indican que la movilidad fluye en Europa fundamentalmente de Este a Oeste y esto tiene consecuencias tanto para los países receptores como para los emisores. Para estos, supone una pérdida de potencial en su fuerza productiva, de ingresos fiscales y de mano de obra cualificada que sostiene con sus impuestos los sistemas de la seguridad social. Inversamente, los beneficios económicos de la libertad de movimientos se concentran en los Estados de Europa occidental, que recogen los frutos de las inversiones previas en educación de los países de origen de esta población migrante.

Las políticas de muchos campos repercuten en la movilidad y una de las causas principales de los movimientos de población es el clima social. La falta de oportunidades y la crisis económica suelen ser factores determinantes de la fuga de capital humano, mientras que los países receptores suelen tener economías más desarrolladas y mejores condiciones de vida.

Las condiciones económicas y sociales de un país son difíciles de mejorar en el corto plazo. Sin

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embargo, las políticas educativas y, en particular, las políticas sobre la movilidad de los estudiantes podrían ser el terreno donde plantar las semillas del futuro mercado laboral. En 2011, el Consejo de Ministros de Educación adoptaba la recomendación que establecía:

La movilidad en el aprendizaje, esto es, la movilidad transnacional con el propósito de adquirir habilidades, competencias y conocimientos nuevos es una de las vías fundamentales como los jóvenes pueden mejorar su empleabilidad. […] Los europeos jóvenes que se mueven durante su formación tienen más probabilidad de ser trabajadores que migren en el futuro. La movilidad en el aprendizaje puede hacer de los sistemas e instituciones educativas que sean más abiertas, más europeas y más internacionales, más accesibles y más eficientes.

La recomendación referida identifica un vínculo directo entre estudiar en el extranjero y una mayor propensión a emigrar y vivir fuera. Aunque esto pudiera ser una mera intuición, también se sostiene con investigación empírica.

La proporción de estudiantes de grado que estudiaron fuera y se graduaron no es drástica, pero el Mobility scoreboard de Eurydice revela que cuanto más alto es el nivel educativo, mayor la proporción de estudiantes que se gradúan fuera. En la Unión Europea, un 8,5% de estudiantes de doctorado han realizado su doctorado en otro país, mientras que solo el 4% hicieron el Máster y el 2,4%, la carrera.

 

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El profesorado universitario también puede ir a otros países y ser móvil. Un estudio Eurydice reciente informa de que países como Dinamarca, Alemania, Suecia y el Reino Unido tienen una tasa bastante elevada de ciudadanos extranjeros entre su personal docente universitario, lo cual repite el patrón de migración Este-Oeste que veíamos que también ocurría entre el alumnado.

Cabe plantearse: ¿podría ser que la posibilidad de sufrir fuga de cerebros tuviera también consecuencias en la manera de legislar en educación? En teoría, los países que afrontan una fuga de cerebros deberían estar actuando de varias maneras para compensar la pérdida de los mejores estudiantes, graduados e investigadores. Podrían, por ejemplo, incentivar la inmigración y la llegada de extranjeros haciendo más atractivos sus sistemas educativos, con más programas que se impartan en las lenguas más habadas. Esto podría quizá traer de vuelta a sus propios ciudadanos, después de un periodo fuera.

Aun así, algunos sugieren que la movilidad podría ocasionar recortes en educación tanto en los países receptores como en los que envían estudiantes fuera. Aquellos podrían pensar que, puesto que parte de las necesidades de su capital humano serán sufragadas desde el extranjero, pueden ahorrar en inversión educativa.  Mientras que los países que mandan estudiantes fuera  pueden sentirse tentados a recortar inversión porque lo mejor de su talento emigrará. Sin embargo, también parece ser verdad que la baja calidad educativa de los sistemas puede por sí sola ocasionar la fuga de cerebros y en ese caso, los países tendrían que invertir más para contrarrestar este efecto.

La total libertad de movimientos es un tema complejo que puede no siempre dar lugar a situaciones beneficiosas para ambas partes. Si bien son muchos los que tienden a valorar los aspectos positivos de la movilidad de los estudiantes y los profesores universitarios, tal vez sea necesario analizar con cuidado los intereses nacionales de los países receptores y emisores. La UE puede desempeñar un papel mitigador de los inconvenientes de las migraciones en el seno de la Unión, desarrollando, por ejemplo, medidas compensatorias para la inversión educativa en aquellos países que pierden capital humano. Esto podría proporcionar mayor equidad en las oportunidades de movilidad educativa para que todos los jóvenes pudieran beneficiarse de una experiencia de movilidad.

Autores: Lars Bo Jakobsen y David Crosier

A vuestra disposición,

Eurydice España-REDIE