Día Internacional de la Traducción

El Día Internacional de la Traducción se celebra el 30 de septiembre, fecha que conmemora la muerte de Jerónimo de Estridón, traductor de la Biblia (escribió la Vulgata, traducción de la Biblia del griego y el hebreo a latín vulgar) y patrono de los traductores. La Federación Internacional de Traductores (FIT) ha promovido esta celebración desde su creación en 1953 y en 1991 propuso que oficialmente se reconociese un Día Internacional de la Traducción para valorar la profesión y la labor de los traductores y traductoras de todo el mundo, un mundo cada vez más globalizado e intercultural. Este organismo agrupa a 100 asociaciones que representan a más de 80.000 traductores de 55 países y tiene la misión de promover la profesionalidad y mejorar las condiciones de trabajo de las personas que se dedican a la traducción. Bajo el lema Traducción y diversidad, se pretende concienciar de que la traducción es la herramienta que permite preservar y transmitir una cultura, a la vez que abre la puerta a lenguas originales, que son las que, al fin y al cabo, aglutinan la identidad de cada pueblo. La traducción asegura la diversidad lingüística en un contexto global que tiende a la homogeneidad. Traducir no consiste simplemente en aplicar una serie de reglas gramaticales y códigos lingüísticos, ya que, además, implica saber descubrir, inventar, crear expresiones, que sin alejarse del significado original, dotan al texto traducido de belleza y de rigor.

Las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) están generando, desde hace años, un gran caudal de información en soporte electrónico. El aprovechamiento de esa información ha de hacerse de forma automática. La comprensión automática del lenguaje humano (gracias a las Tecnologías del Lenguaje, al Procesamiento del Lenguaje Natural) ha provocado el temor de que los traductores cualificados de “carne y hueso” terminen desapareciendo del mundo de la traducción. Es evidente la necesidad de estas tecnologías y el hecho de que conllevan grandes retos y desafíos. Sin embargo, el lenguaje humano es mucho más complejo, ya que está inmerso en significados connotativos que enriquecen los textos y que van más allá de la simple denotación, del significado literal. Las máquinas, los programas de traducción automática, nunca podrán superar a los seres humanos en la labor de la traducción, y menos si es literaria. Quizá, habría que apostar por la interacción y colaboración entre los traductores humanos y automáticos, dado el incipiente e imparable avance en el estudio del cerebro humano a través de disciplinas como la neurociencia. De momento, habría que recordar la importancia de la labor de los profesionales de la traducción, a los que va dedicado este artículo.