El fin del macho alfa

Para conmemorar el día 8 de marzo, os ofrecemos la traducción de uno de los artículos de la serie Focus-On de Eurydice. Fue publicado en 2015, pero goza de actualidad y es una interesante reflexión sobre las cuestiones de género en el mundo de la educación.

“Decir que la mujer es el sexo débil es una difamación” – Mahatma Gandhi

¿Cuál es la transformación más llamativa que ha sucedido en la educación europea en los últimos 50 años? La revolución de la información y de las comunicaciones y los cambios que estas han ocasionado en los métodos de enseñanza y aprendizaje son buenos candidatos, al igual que la movilidad y la internacionalización de la educación, que han expandido los horizontes educativos. Sin embargo, hay otra evolución muy llamativa y que a veces se da por supuesta: se trata de la superioridad de las mujeres en las cifras de éxito educativo. ¿Por qué no genera este hecho más titulares, en especial cuando la tendencia de mujeres que obtienen mejores resultados que sus compañeros crece en todos los niveles educativos año tras año? ¿Es, quizá, porque no nos zafamos de la idea de que las mujeres son el género menos representado? Pues bien: mientras que en otros aspectos de la realidad social las mujeres permanecen en situaciones de desventaja sobre todo para alcanzar puestos de mando o para lograr la paridad salarial en el mercado del trabajo, esto no es cierto en el terreno educativo. Con la excepción de una o dos áreas del saber, las mujeres son las grandes triunfadoras y están a la cabeza en educación. Entonces, ¿dónde deja esto a los hombres?

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La verdad, cruda y directa, es que los hombres se están quedando atrás. El estudio Eurydice titulado “La lucha contra el abandono temprano de la educación y la formación” muestra que los alumnos tienen el doble de probabilidades de dejar la escuela con bajas calificaciones o sin titulación que las alumnas. En educación terciaria las tasas de participación de mujeres exceden a las de los hombres en casi todos los países europeos en unas proporciones que no se podía imaginar hace 50 años. Tal y como muestra el informe titulado “Cifras clave de la educación en Europa“, ya en 2009 aproximadamente el 20% de las mujeres de 18 años participaba en estudios terciarios en comparación con el 13% de sus compañeros masculinos. No solo eso: las tasas de alumnas graduadas en la mayoría de los países europeos han ido creciendo anualmente a una velocidad de casi el 10% desde el año 2000. Y aunque todavía existen diferencias de género significativas en ciertas áreas curriculares, como matemáticas e ingeniería, que todavía son terreno de dominio masculino, estos datos muestran que la transformación social ha sido tremendamente rápida.

Resulta, sin duda, vital investigar cómo y por qué ha sucedido este revés de la fortuna en educación. Pero es quizá más urgente averiguar cuáles van a ser las consecuencias y qué se puede hacer para remediarlo. No hace falta decir que las implicaciones potenciales son enormes. Si asumimos que las barreras que mantenían a las mujeres alejadas de la educación se rompen también en otras facetas de la sociedad, es muy probable que la economía global del saber se convierta en un lugar en el que las mujeres tengan más éxito que los hombres. Una consecuencia inevitable de este escenario es el descenso de la tasa de hombres en empleos que requieren una cualificación especializada, lo cual generaría una ola de cambios en los roles laborales tradicionales.

Si llevamos más lejos esta idea, la inversión de la brecha educativa de género ocasionaría también la transformación de las estructuras familiares, con la mujer, y no el hombre, más a menudo en el rol de cabeza de familia que proporciona el sustento de toda ella. Esto podría suceder sin mayor conflicto, pero también son posibles otros escenarios. Christina Hoff Sommers, por ejemplo, predijo en su libro de 2000, La guerra contra los chicos, que “el hecho de que las mujeres sean más cultas y estén más formadas que sus compañeros” puede llegar a ser la causa de “muchos problemas sociales: la falta de hombres bien educados no presagia nada bueno para nadie”. Después de todo, y según la teoría de psicología social de las hipótesis de emparejamiento, es más probable que los miembros de una pareja se sientan más atraídos y tengan más éxito en una relación de compromiso si ambos comparten una igualdad social. Las mujeres que logran un mayor éxito que los hombres alteran ese equilibrio.

Por otro lado, un estudio reciente de Christine Schwartz de la Universidad de Wisconsin-Madison dibuja otra circunstancia. Mientras Schwartz confirma que la brecha de género en educación puede tener consecuencias a largo plazo en las relaciones de pareja, y que las relaciones entre miembros de nivel educativo parecido son generalmente más estables, los efectos negativos de las mujeres que tienen un estatus mayor están volviéndose menos pronunciados. De hecho, ella asegura que “los matrimonios de mujeres con ventaja educativa fueron en su día más proclives a deshacerse, pero esta asociación ha desaparecido en las cohortes de matrimonios más recientes”. En otras palabras, parece que los hombres están empezando a aceptar la alta probabilidad de acabar en relaciones con parejas mejor educadas que ellos, mientras que las mujeres asumen que es probable que se tengan que conformar con un hombre menos educado.

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Pero, ¿pueden nuestros sistemas educativos hacer más para apoyar a los chicos con fracaso escolar? El estudio Eurydice de 2010 “Diferencias de género en los resultados educativos” señala que las diferencias en el logro educativo aparecen muy temprano y son muy significativas en lo tocante a la adquisición y desarrollo de habilidades específicas, sobre todo en la habilidad lectora. Es decir, que los chicos tienden a perder el interés en adquirir las habilidades básicas como la lectura mucho más temprano que las chicas y esto afecta a largo plazo a muchas de las actividades de aprendizaje posteriores.

Quizá el problema no es, por tanto, tan complejo como parece. Puede que tal vez bastara con que los países desarrollaran políticas educativas que atajaran de forma temprana las diferencias de género en áreas como la alfabetización. Sin embargo, mirando atrás en la historia, las políticas de los gobiernos no fueron las únicas instigadoras del cambio en los roles de género. Las conquistas femeninas se han conseguido más a menudo mediante la lucha social y han ocasionado una gran transformación cultural. Visto así, y considerando el nuevo lugar de las mujeres en la educación, quizá sea ahora un buen momento para que los hombres empiecen a pensar en su futuro rol social. Pero tal vez esto no sea necesario. Después de todo, un artículo de un periódico del Reino Unido mostraba el siguiente titular: “buenas noticias, señoras: los hombres prefieren mujeres más inteligentes”. Solo el tiempo lo dirá.

A vuestra disposición,

Eurydice España-REDIE