Prácticas Docentes y Rendimiento Estudiantil: Evidencia a partir de PISA 2012 y TALIS 2013

En los últimos años la comunidad académica y los gestores públicos han mostrado un interés creciente por identificar los determinantes de las diferencias internacionales en rendimiento académico de los estudiantes. El papel de los profesores ha sido enfatizado en numerosos estudios como uno de los determinantes fundamentales del rendimiento de los estudiantes.

En una destacada aportación a la literatura económica sobre el tema Chetty, Friedman y Rockoff (2012) encuentran, utilizando datos de Estados Unidos, que los test estandarizados de medición del conocimiento acumulado “tipo PISA” son útiles para captar el valor añadido que un “buen” profesor, esto es, un profesor que incrementa de forma notable el conocimiento hasta el momento acumulado por sus estudiantes, produce en sus estudiantes.

Este estudio demuestra que los estudiantes de entre 8 y 14 años asignados a buenos profesores tienen una probabilidad mayor de ir a la universidad, de estudiar carreras de ciclo largo, de percibir salarios elevados una vez terminan la universidad, de vivir en vecindarios caracterizados por un buen nivel de vida y de ahorrar para su jubilación durante su vida laboral activa. Por el contrario, estos estudiantes son menos propensos a tener hijos durante la adolescencia. Los autores estiman que reemplazar a un profesor de “baja calidad” por otro de “calidad media” provoca un incremento en el valor presente de los ingresos salariales a percibir por el estudiante durante toda su vida laboral de más de 250.000 dólares.

Bietenbeck (2014) es otra aportación relevante a esta literatura. Este trabajo analiza el efecto diferencial que las prácticas docentes tradicionales como la lección magistral y aquellas más modernas como, por ejemplo, el trabajo de los estudiantes en grupos reducidos, tienen en tres modalidades de habilidades cognitivas: el conocimiento formal acumulado, la capacidad para resolver problemas rutinarios y la capacidad de razonamiento. Los resultados señalan que las prácticas docentes tradicionales son efectivas a la hora de mejorar las dos primeras categorías mientras que no tienen efecto en la tercera, la capacidad de razonamiento de los estudiantes. Por su parte, la utilización de prácticas modernas como el trabajo en grupo incrementa de forma notable la capacidad de razonamiento de los estudiantes pero no tiene efectos significativos en las dos primeras modalidades de habilidades cognitivas.

Por su parte, Lavy (2011) utiliza información sobre prácticas docentes y rendimiento de estudiantes de educación primaria y secundaria de Israel para ilustrar la heterogeneidad en el rendimiento de las prácticas docentes en función de las características de los estudiantes. En particular, este trabajo encuentra que las prácticas docentes tradicionales, como la lección magistral, incrementan el rendimiento en test estandarizados de los estudiantes de origen socioeconómico más humilde, mientras que las estrategias modernas tienen efectos positivos para estudiantes de otros grupos sociales.

Esta reciente literatura tiene, sin embargo, una importante laguna en la identificación de las prácticas docentes concretas que definen a un buen profesor, esto es, a un docente que puede potencialmente producir efectos en la vida de sus estudiantes como los previamente descritos. El conocimiento de estas prácticas es esencial para el gestor público que podría entonces fomentar la formación del profesorado en aquellas prácticas y metodologías particulares que producen resultados académicos y vitales positivos a largo plazo en los alumnos.

El estudio “Prácticas Docentes y Rendimiento Estudiantil: Evidencia a partir de PISA 2012 y TALIS 2013”, realizado por el profesor de economía de la Universidad de Murcia Ildefonso Méndez, contribuye a esta literatura combinando la riqueza informativa en prácticas docentes contenida en el Estudio Internacional sobre la Enseñanza y el aprendizaje (TALIS) 2013 con la evaluación del nivel de conocimientos en matemáticas, ciencia y lengua de los estudiantes de 15 años de edad en el Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos (PISA) 2012.

En concreto, este estudio identifica un conjunto de prácticas docentes concretas que incrementan el rendimiento de los estudiantes en PISA. El Gráfico 1 resume la eficacia de dichas prácticas informando del efecto en la nota del estudiante de un incremento (en una desviación estándar) en cada una de esas medidas tomando como numerario, esto es, como referencia, el efecto positivo cuantitativamente más reducido, que corresponde al de un incremento estándar en la proporción de profesores que realizan cursos de formación en nuevas tecnologías.

Así, encontramos que, siendo todas las medidas recogidas en el gráfico eficaces a la hora de incrementar la nota de los estudiantes, su eficacia relativa varía de forma notable. En concreto, las dos medidas de mayor eficacia relativa son un incremento en la proporción de profesores de la materia que tiene un doctorado (dominio de la materia) y un incremento en la proporción de profesores que utilizan el trabajo en grupos reducidos.

A continuación encontramos un conjunto de medidas de eficacia media-alta como que los profesores impartan las materias que han estudiado durante sus estudios preparatorios, que realicen cursos de formación inicial del profesorado, que realicen cursos de formación continua en orientación profesional de los alumnos o en técnicas de aprendizaje individualizado o que se incremente la proporción de profesores que declara esforzarse para ayudar a sus alumnos a valorar el aprendizaje. Cabe, por tanto, destacar que no todos los cursos de formación continua del profesorado son útiles para mejorar el rendimiento de los estudiantes, sino solo aquellos incluidos en el Gráfico 1.

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Fuente: Prácticas Docentes y Rendimiento Estudiantil: Evidencia a partir de PISA 2012 y TALIS 2013. Fundación Santillana, Gobierno de La Rioja e Instituto Nacional de Evaluación Educativa.

 

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