Conectividad de centros escolares

El profesorado diseña y programa actividades basadas en el uso de recursos educativos digitales cada vez con más intensidad y frecuencia. En la mayor parte de las ocasiones el acceso a dichos recursos se realiza en horario escolar y la entrada a la red, por parte de los alumnos, para acceder a los contenidos se produce de forma simultánea. Es probable que, en ese mismo instante, en el centro se esté realizando una actividad similar por otro grupo de clase y por tanto, se esté compitiendo por el uso de un valioso recurso compartido: el ancho de banda de acceso a Internet.

Se define la conectividad como la capacidad de conectarse o hacer conexiones. Dicha capacidad, en el ámbito que nos ocupa, es decir, el acceso a Internet de los centros educativos, está condicionada por diversos factores. Dentro del grupo de trabajo sobre conectividad del Plan de Cultura Digital en la Escuela, nos estamos ocupando de analizarlos y de encontrar las mejores soluciones o, al menos, las más viables para ayudar a los centros y a las administraciones educativas a optimizar el uso de este preciado bien.

Para avanzar en la búsqueda de soluciones hemos diseccionado el problema en tres ámbitos o componentes de la conectividad: la red troncal de comunicaciones con la que la comunidad autónoma o el país cuenta, la capilaridad de las redes de banda ancha a toda la extensión del territorio y, por último, la distribución del ancho de banda en el interior de los centros educativos. En este artículo sólo trataremos de forma resumida algunas de las aportaciones que se han realizado en el espacio intermedio de la capilaridad, dejando para otra ocasión los aspectos relacionados con los otros ámbitos.

En primer lugar, hemos constatado a través de informes que nos han hecho llegar las comunidades autónomas, que la conexión más habitual de un centro educativo a Internet en España se realiza a través de tecnología ADSL. Estamos hablando de conexiones de unos caudales medios de 10 a 30 Mbs. Si bien esta tecnología en el entorno doméstico todavía puede ofrecer un rendimiento suficiente para la mayoría de los hogares, en el caso del acceso de los centros educativos se muestra insuficiente. Su claro sustituto es la conexión a la red por fibra óptica, puesto que tanto los caudales que se obtienen de forma sostenida como la calidad del servicio son muy superiores.

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Ya hay centros educativos, en aquellas comunidades autónomas en las que tienen la capacidad de contratar ellos mismos las conexiones, que están efectuando el cambio de sus líneas ADSL por conexiones de fibra óptica. Lo mismo sucede cuando las comunidades autónomas tienen centralizada la capacidad de contratación de las líneas a través de concursos: instalan fibra óptica donde la cobertura lo permite. En el caso de centros de ámbito rural, donde la fibra aún no ha llegado, se está optando en algunas regiones por utilizar tecnología inalámbrica de banda ancha (WiMAX). Es una solución que hay que considerar pues, según se desarrolla esta tecnología, se van obteniendo unas tasas de transferencia considerablemente más altas que los anchos de banda reales del ADSL en estas zonas.

Del mismo modo que hace una década asistimos a la progresiva migración de nuestros accesos a Internet desde módems conectados a la red telefónica conmutada a la banda ancha que nos brindó el ADSL, asistiremos ahora –y quizás en un intervalo de tiempo menor- a la consolidación de las conexiones a Internet por fibra óptica, ya que los operadores se encuentran en pleno despliegue de sus redes y los costes comienzan a ser asumibles. Las conexiones de fibra ofrecen otra gran ventaja: se puede ampliar el ancho de banda a niveles mucho más elevados de los actuales (de 50 a 100 Mbs por término medio) utilizando la misma infraestructura. Con el ancho de banda siempre sucede que cuanto más se tiene, más se consume y siempre parece insuficiente: los proveedores de contenidos ya están diseñando nuevos servicios y aplicaciones que serán voraces consumidores del mismo en la próxima década.