La nueva generación del milenio necesita métodos educativos diferentes

¿Podemos hablar de una nueva generación con una mentalidad y formas de ver el mundo y el aprendizaje que requieren métodos educativos diferentes?

Eso indicaba Jeff Jarvis en su libro “Y Google, ¿cómo lo haría?“ (2009). El último capítulo, titulado “Generación G”, se inicia así: “Google está cambiando nuestras sociedades, nuestras vidas, nuestras relaciones, nuestra visión del mundo, probablemente incluso nuestros cerebros, de una manera que sólo podemos empezar a valorar.” En nuestras aulas tenemos una nueva generación que ha crecido en el nuevo milenio con acceso a dispositivos conectados cuyo uso ven como algo natural y eso cambia su forma de comunicarse, gestionar información y aprender. Veamos algunas características de esta Generación G:

  • Tienen una forma diferente de relacionarse, más expansiva y viral, y gracias a la “máquina de conexiones” el contacto permanece. Blogs, perfiles y actividad en redes sociales, fotos en Flickr, vídeos en YouTube, conversaciones Seesmic, Twitter, marcadores y otros medios que se irán inventando, todos ellos van dejando huellas permanentes que es fácil rastrear con los grandes buscadores.

  • Cambia el sentido de la privacidad y la identidad pública, que es en gran parte digital. Cuando mostramos o marcamos algo en la red, nos etiquetamos y damos pistas para poder ser buscados. Las anteriores generaciones ven esto como un peligro, pero los jóvenes lo ven como algo positivo el que los demás puedan llegar más fácilmente a ellos y compartir información. La dimensión pública digital trae beneficios personales que superan los propios riesgos. Por otra parte, mostrar y marcar contenidos en la red es cada vez más útil y necesario para el desarrollo profesional. Tan negativo es no cuidar tu identidad digital como no tenerla. Si no comunicas, no existes; cada vez es más necesario que el perfil personal y profesional tenga dimensión digital para que te tengan en cuenta.

  • Se prefiere la transparencia, la apertura y la estética de la sencillez. Cuando hay secretismo o excesiva retórica, no podemos confiar. No se admite la censura.

  • Si realmente sabes, muéstralo; no me enseñes tu currículum de títulos, quiero ver tus creaciones y actividad en la Red. Hay que ser creativo; se premia la singularidad en la masa de nichos.

  • La capacidad de encontrar rápidamente la información que necesitemos en cada momento nos hace más inteligentes. Se lee de forma más fragmentaria y con mayor rapidez, lo cual no quiere necesariamente decir que se lea menos.

  • El mañana les pertenece: los jóvenes del siglo XXI han aprendido a utilizar las nuevas tecnologías como modo de aprendizaje y diversión, la innovación es parte de su vida y, sobre todo, han asumido el liderazgo mucho antes que las generaciones anteriores.

  • La generación G será capaz de organizarse sin organizaciones. Esta habilidad y facilidad para unirse espontáneamente cuando sea necesario tendrá un profundo impacto desestabilizador en las instituciones. Podremos organizarnos pasando por encima de partidos políticos, sindicatos, instituciones académicas, organizaciones religiosas, gobiernos y fronteras. Las redes son cada vez más eficientes que empresas e instituciones. Hay poderes que se tambalean, incluyendo el cuarto poder, la prensa.

  • ¿Necesitamos la universidad cuando tenemos a Google? El conocimiento digital del mundo está a nuestra disposición por medio de buscadores, cursos masivos y recursos educativos abiertos. Podemos encontrar no sólo contenidos, también a las personas y las comunidades que saben sobre lo que necesitamos saber. Los libros de texto tienen cada vez menos sentido, al igual que las aulas tradicionales. Las funciones fundamentales de la universidad han sido tradicionalmente la enseñanza, la evaluación, la investigación y lugar de encuentro para la socialización. Si no se reforman y se adaptan a las nuevas posibilidades, su papel futuro irá reduciéndose a la prueba, la certificación y la concesión de títulos, que tendrán cada vez menos valor, pues será más relevante lo que demuestres que sabes en la Red.

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“Esta nueva generación y su nueva visión del mundo cambiarán nuestra forma de ver e interactuar con el planeta y la manera en que los negocios, el gobierno y las instituciones interactúan con nosotros. Y no ha hecho más que empezar.” La educación de la generación G no puede seguir siendo la misma que la de hace 30 años, concebida como un servicio nacional obligatorio orientado a conseguir que todos piensen de la misma manera antes de poder hacer algo. No les sirve.

¿Cómo debería ser entonces la educación de esa generación G?

Jarvis da en su libro alguna pista: “En la clase, real o virtual, Google fuerza a los educadores a enseñar de manera diferente. ¿Por qué nos siguen enseñando a los estudiantes a memorizar los hechos cuando los hechos están disponibles a través de la búsqueda? La memorización no es una disciplina vital. Es más importante satisfacer la curiosidad a través de la investigación y el razonamiento mediante el cual los estudiantes reconozcan lo que no saben, formulen preguntas, busquen respuestas y aprendan cómo juzgarse a sí mismos y a sus fuentes. El uso de Internet y de Google se debe enseñar para ayudar a los estudiantes a comprobar los hechos y juzgar su fiabilidad… Las universidades tienen que preguntarse qué valor ofrecen en las transacciones de la educación: la evaluación de los profesores, ayudar a los estudiantes a construir sus programas de estudio, la creación de plataformas para el aprendizaje. Tenemos que preguntarnos cuándo y por qué es necesario estar en la misma sala con otros estudiantes y profesores. El tiempo de clase es valioso, pero no siempre es necesario.”

La competencia digital integrada en el currículo tendrá cada vez mayor importancia, es clave para la educación del siglo XXI y potencia además el desarrollo de las demás competencias, especialmente la de “aprender a aprender”. El aprendizaje mediante proyectos y tareas en comunidades virtuales con participación global seguirá creciendo gracias a los nuevos medios, al igual que los portafolios digitales como metodología de aprendizaje y evaluación. Tendrán mayor sentido para una generación de estudiantes que maneja la información en medios digitales y aprende construyendo su propio conocimiento con una dimensión pública de colaboración en diversos espacios que formará parte de su cultura e identidad digital. Los docentes necesitan fortalecer su propia competencia digital de forma generalizada para poder instrumentar estos cambios y atender las nuevas necesidades de aprendizaje de los estudiantes nacidos en el nuevo milenio. Nuestros centros educativos, y el propio sistema, deben poner en marcha procesos de innovación y transformación que faciliten estos cambios, lo cual también implica repensar los modelos organizativos. Tal vez pueda servir como referente la forma de trabajar e innovar de empresas cómo Google. Y ellos, ¿cómo lo harían?

Autor: José Luis Cabello